29Marzo2017

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Por muchos es sabido que la música electrónica tiene sus antecedentes en la música disco, así como bases en la cultura negra del rap y el hip hop, con una fuerte dosis de lo sintético y la estética futurista europea, principalmente de países como Alemania e Inglaterra.


No tiene mucho tiempo que nuestro país se vio influenciado por este sonido electrónico, en un inicio algunos la consumíamos en sus diferentes presentaciones, pero era poco usual que alguien se lanzara a producirla al grado que ahora se hace, claro que influían muchos factores, como el desarrollo tecnológico, la accesibilidad, etc. En los inicios, el sonido no se alejaba mucho de las influencias originales, ni siquiera se podía considerar un híbrido como los que ahora se hacen, si escuchamos algunas de las producciones latinas de finales de los noventa y principios de los dosmil, podemos dar cuenta de ellos, a excepción de algunos colectivos del norte del país que iniciaron con esta oleada, llamémosle un poco más "jocosa".

Colectivos como Nortec y Nopal Beat (ambos extintos) inciaban con la experimentación sonora de ritmos que involucraban las influencias culturales de las zonas de donde provenían, dándole un "baño de pueblo" a la música electrónica, de modo que lo sintético se viera salpicado con lo orgánico del "sabor latino".

Hoy en día, México y Latinoamérica cuentan con un gran catálogo de productores que se lanzan a la marea para experimentar no sólo con los sonidos electrónicos, sino con sus raíces, lo que ha generado proyectos muy interesantes, hay unos muy chafas, claro está, pero con un gran séquito de seguidores (aunque no me explico porqué, si no tienen la riqueza de sonido de los que sí valen la pena).

Para no hablar por hablar daré algunas referencias. Entre los proyectos buenos se encuentra uno colombiano que conocí gracias a una buena amiga, en el nombre hace honor a su sonido: "Frente Cumbiero". ¿Y por qué este proyecto sí vale la pena? Pues sencillo, porque te hará bailar al ritmo de la cumbia pero te producirá una energía distinta que sobrepasa esa delgada línea entre un género y otro.

Este proyecto está conformado por cuatro integrantes, Mario Galeano músico por formación, melómano aficionado y coleccionista de vinilos, especialmente de cumbia. De alguna manera él puede contar a través de los discos de acetato la evolución en el tiempo de dicho género, no sólo en Colombia sino también el otros lugares de Latinoamérica. Además de producir sonidos, pasa sus días en busca de más vinilos que lo puedan ilustrar sobre las transformaciones que ha tenido la cumbia, les sorprendería lo mucho que sabe sobre el género y sus sonidos. Lo acompañan en esta travesía musical otros talentosos como Eblis Álvarez, guitarrista, Pedro Ojeda en la batería y Marco Fajarco ejecutando el clarinete y el saxofón.

A lo que realizan le llaman "cumbia inteligente", pues toman sampleos de instrumentos de orquestas o agrupaciones de cumbia para realizar sus propios temas, adhiriendo su toque personal. Este proyecto hace que muchos volteen la mirada para buscar compañero(a) de baile.

Y ya que estamos en la cumbia, por qué no mencionar otro proyecto de un jovencito mexicano, del norte: Siete Catorce, quien de modo distinto al anterior está pisando fuerte en la escena electrónica.

Siete Catorce crea un híbrido entre un sonido que ha venido evolucionando y que tiene sus bases en el drum & bass, el dubstep, pero también con el minimal y el famosísimo tribal, dándoles a todos estos un toquecito de cumbia, sólo que no es tan alegre, todo lo contrario... podría describirlo del siguiente modo: es como llegar a una fiesta donde nadie se conoce entre sí, pero tampoco quieren hacerlo, lo único relevante es perderte entre tanto desconocido y en el sonido mismo -jaja- quizá crean que estoy loca, mejor escúchenlo, este chico sabe cómo trasladarte a otras dimensiones sin necesidad de drogas, pero tiene un sello característico en su música, ese saborcito picoso.

Un tercer ejemplo no está mal para cerrar, de él seguro que han oído, pues ya lleva sus años en la música: Matías Aguayo, un chileno que también se considera un poco alemán porque la mayor parte de su tiempo lo vive allá, aunque disfruta venir de visita a Latinoamérica para lo que él llama "recolectar sonidos".

En su última producción (más que en las anteriores) aterriza sus ideas y las transforma en una fiesta tropical, en donde nadie se puede quedar sentado, añadiéndole esa parte electrónica de la que difícilmente se puede despegar, con voces y sonidos indígenas que lo acercan -al menos en su sonido- a sus raíces, inyectándole colores brillantes a todas las canciones de “The Visitor”.

Sin duda hay mucho más por ahí que se está generando, pero estos son ejemplos claros de que se puede hacer cosas distintas y originales, sólo hay que rascarle y arriesgarse.

Texto por Nayeli Díaz  /// @Nayeli_yda 

Los ritmos latinos en la música electrónica
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