25Febrero2017

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No tengo a bien decir que toco en una banda. Eso es verdad. No puedo desde ese sitio condenar o siquiera jactarme de saber cuáles son las vicisitudes del músico al enfrentarse con la posibilidad de vivir de su trabajo, de gozar de un mayor alcance en relación con las audiencias, no puedo (pese a participar en el pasado de la radio) nombrar de manera concreta las normas con las que una emisora regula su programación.

Los tiempos, no obstante, y habría que entenderlo, son muy distintos. Vivimos en la era digital, gracias a la que, por ejemplo, una de la bandas británicas más reconocidas a nivel mundial logró aparecer en el mapa internacional a partir de la plataforma MySpace; y en la que cualquier ciudadano mexicano con internet puede acceder a un blog simple con el contenido menos comercial que algún asiduo a la música proveniente de Noruega, Sudáfrica o Perú, decida compartir.

La radio ya no goza de la misma importancia que antes tuvo en los oídos de los melómanos (aparentemente), quienes ya no necesitan que alguien les presente a alguna agrupación para que ellos la descubran gracias a Youtube, a Deezer, y luego la publiquen en Facebook, en Twitter o donde se les antoje que suceda. Hoy en día, los problemas son otros, y aunque existe quien se siga quejando de la radio, de la cerrazón en la escena, de las pocas oportunidades, etc., éstas existen, y desde donde hoy puedo escribir esto y trazar los ejemplos arriba expuestos, verdaderamente lo creo.

Dentro de todo, el ascenso de una banda que muchos pueden considerar culera se debe tanto a sus propios intereses como a los de la gente que los escucha. Así pues, nadie puede culparlos por tener después de 15 años, 20 de trayectoria, tocadas en el Palacio de los Deportes, y ser la banda que encabeza el mame anual de la gente para alinear en el Festival Vive Latino.

Tanto si eres parte de la audiencia como si eres parte de la escena, o en mi caso, del sector interesado en promover la música y hacer de la misma un ente de interés común, hay que entender que el camino está menos en la criticonería reduccionista y más en el compromiso real con el favorecimiento musical. 

Y es que el tema cuenta con muchas caras como para verse de manera simplista, por el simple hecho de que la música puede ser vista en tanto arte, en tanto industria, en tanto el trabajo de los que la ejecutan o gestionan sus eventos, o en tanto materia prima de las radiodifusoras, y si bien el panorama actual parece no resultar muy alentador, las herramientas de estos tiempos están ahí para hacer algo en su desarrollo –desde la trinchera en la que se esté- y hacerle frente a lo que parece jugar en contra.

No sé si la payola exista actualmente pero estoy seguro de que existe la demanda, y de la tendencia –de éste y pasados tiempos- de un amplio sector de la población hacia consumir a partir de una vía, la de la proximidad. Por ello la radio más escuchada en la capital es la que ofrece “80’s, 90’s y más”, las 40 canciones más populares o “mucho más éxitos”, a partir de dar y dar vuelta a los hits qué más han abultado los bolsillos de los descomunales sellos discográficos; o bien, la que ofrece música popular mexicana que está sembrada salvajemente en el gusto de la gente.

Ante esto, la radio ‘rock’ y jazz aparece menos próxima y si bien pudiera atender a una más diversificada audiencia, sí se muestra como una opción –al menos de inicio- para conocer música diferente a lo que en el resto del cuadrante suena, por lo que, ¿qué tanto encuentra ésta un motor en el negocio? 

Es posible que en la radio metropolitana suenen bandas hace mucho estancadas que seguirán vendiendo discos y boletos, arrancando gritos. Pero ahí está, con espacios especializados que siguen poniendo en las manos de su público, interesantes propuestas a veces independientes que pocos conocen, y géneros nunca volteados a ver por otras estaciones –aunque eso afecte al otro polo de ésta audiencia, el que detesta que las bandas se “quemen” y atesora el anonimato de ciertas escenas porque así forman parte de un selecto grupo que realmente “sabe” de música.

Y si es tan pobre en sus alternativas, hoy día aparece la radio por internet, o a través de esta vía puedes escuchar radio de otros países, o armarte playlists especializados facultando que se te ofrezcan ‘sugerencias similares’. 

Si tienes una banda, las herramientas son muchas más aunque no sean simples. Pero no tienes que buscar sonar en Ibero para tener tocadas, no necesitas formar parte de una disquera para lanzar tu música y no necesitas desarrollar materiales completos para aparecer en la escena. 

Como he dicho, los tiempos son distintos y siempre habrá bandas pobres con audiencias grandes. Si eres escucha interesado, ráscale y notarás que no faltan propuestas. Si eres músico genuino, exprime tu cabeza y desarrolla tu trabajo por diferente que sea, si en términos de calidad es aceptable, aun muy experimental o alejado de los estándares, notarás que no te faltan escuchas.

http://tunein.com

itunes.com/Radio

Por: Eduardo Camacho López // @Edd_eCamacho

Radio en la era digital: La puerta está abierta
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